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  • Laura Leoz Dramaterapia

MELANCOLÍA Y AUTOCUIDADO

La semana pasada escribí sobre la falta de motivación que me está provocando el estado de crisis mundial en el que estamos viviendo este año 2020. Parte de esa desmotivación es también una melancolía que me hace reflexionar, recordar y cuestionar cosas que en mi día a día consigo ignorar.


No siempre es fácil hacerme estas preguntas. Hace unos años me solía resultar muy incómodo, pues muchas veces eran las voces críticas (tanto internas como externas) contra las que me resguardaba a diario las que me llevaban a este lugar más oscuro, no-productivo, un lugar en el que me costaba moverme y me obligaba a mirar el aquí y ahora completo, no sólo el lado bueno, fácil y lleno de luz.


Durante mucho tiempo resentí estos momentos melancólicos en los que los planes para el futuro parecen irrelevantes, en los que sólo puedo mirar mi situación actual sin esquivar los procesos a medio hacer. Me molestaba mucho la sensación de no poder ser productiva, de tener que estar parada, de no querer estar en todas las salsas como era mi costumbre.

En los últimos años, me he ido concienciando de que estos momentos melancólicos son útiles para mí, he aprendido a apreciar la oportunidad que me brindan de poder ser egoísta. Estos momentos de melancolía, introspección y pausa, me ayudan a tomar un respiro de mi vida.


Son momentos en los que poder por fin hacer caso a las críticas de mi vida sin prejuicio, escuchándome a mi misma para saber cuales son los siguientes pasos que quiero dar, cuáles son los procesos verdaderamente importantes para mí.


El lugar oscuro me ayuda a identificar las fuentes de luz que de verdad quiero nutrir en mi ser y la falta de movimiento y productividad ayudan a definir los objetivos y las actividades con las que mejor puedo dar pasos hacia esa luz que busco. A veces no consigo ver la relación entre la luz y el movimiento, pero he aprendido a confiar en mi intuición, a escucharme a mí misma y dar los pasos que se me presentan.


Lo más importante es que esta melancolía me da permiso para cuidarme y mimarme a mí misma. Aunque el autocuidado es algo que se debe practicar a diario, a mi se me hace difícil no darles prioridad a las necesidades de otras personas, en parte por mi profesión, pero también en mi vida personal. Pero cuando siento esta melancolía, me permito estar conmigo misma, decirme todas las ternuras que normalmente guardo para l@s demás y me permito hacer un mínimo hacia el exterior mientras doy un máximo a mi interior.


Sabiendo que estos momentos son temporales, que mi tendencia es una posición opuesta, me ayuda a ver esta melancolía como una herramienta de equilibrio en mi vida. Esto hace que la tristeza, el enfado, la pena, la frustración y el dolor que son una parte intrínseca de la experiencia humana, tengan su sitio y su tiempo en mi vida. Un sitio en el que valoro la aportación que hacen y agradezco su presencia y su apoyo en cuidar de mí en todos mis aspectos.


¿Cómo vives tú la melancolía de tu vida?


Quiero aclarar que estos momentos de melancolía de los que escribo son temporales, sé que pasarán en unos días o unas semanas. La melancolía constante, que lleva a más oscuridad cada día, es muy diferente y debe ser tratada también de manera diferente.


Si te interesa explorar tu relación con tu melancolía, hacerle preguntas y desarrollar una nueva perspectiva de los ciclos que vivimos, no dudes en contactar conmigo para empezar un proceso terapéutico con la terapia de Drama y Movimiento Sésamo.


Un abrazo



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